Cómo nos mira Jesús? Indudablemente no mira como nosotros lo hacemos.
Con éste título quiero empezar contando algo que me pasó hace pocos días y que me hizo cuestionar la forma en que miro a los demás y darme cuenta que aunque en muchas ocasiones nos creemos buenos, estamos llenos de prejuicios y miramos y catalogamos a las personas según su apariencia.
Era un domingo como cualquier otro, había quedado en encontrarme con un amigo para tomarnos un café en un negocio ubicado en un parque aledaño al barrio en dónde vivo. La tarde transcurría hablando sobre cosas cotidianas , nuestras familias, nuestros trabajos etc, En un momento dado me dio algo de calor y le dije a mi amigo que nos ubicáramos en otra mesa la cuál quedaba mirando hacia la calle, Me gustó mucho el cambio de sitio porque así podía observar el transitar de los carros, las personas y todo el movimiento que se produce afuera.
Habían pasado unos quince minutos desde que nos sentamos allí y escuchamos a un hombre contandonos un poco sobre la situación tan dura que estaba atravesando, ya que era Venezolano y había tenido que venirse a vivir a Colombia dada las condiciones tan precarias en las que estaba en su país. Un niño de unos 5 años, su hijo, estaba con él, el hombre comenzó a cantar una canción la cuál era acompañada por su pequeñito de una manera tan tierna e inocente donde se veía un amor indescriptible entre ambos, todos los que nos encontrábamos en el lugar nos conmovimos por la compenetración tan grande que tenían padre e hijo y obviamente por lo duro que debía ser para ese padre venezolano tener que salir con su pequeño a ganarse la vida un domingo, en lugar de estar jugando juntos como debería ser lo normal.
Como describí anteriormente todos estábamos embelesados viendo esa escena, de golpe algo interrumpió ese momento, venía un habitante de la calle con su costal recogiendo cosas de las basureras, yo en secreto le dije a mi amigo : "Sebas esto es lo malo de hacernos en estas mesas pasa un montón de gente pidiendo plata", pero nada me preparó para lo que ese día Dios me permitió presenciar y la lección tan grande que quería que aprendiera.
El habitante de la calle se acercó al niño y le puso algo en su mano, le cerró su pequeño puñito y le dijo: "Es para ti" y siguió su camino.
Cuando terminaron de cantar Yo ya tenía listo un billete de $ 2000 para darle a éste hombre y a su hijito, lo cuál me hacía sentir satisfecha y bondadosa, pero cuál fue mi sorpresa, vergüenza y confrontación cuando el niño abrió su mano y observé que ese ser humano al cuál yo había prejuzgado por su apariencia había depositado en la manito del pequeñito una moneda de $ 500, inmediatamente vino a mi la historia de la viuda pobre relatada en Lucas 21, En la historia una viuda entrega dos monedas pequeñas, mientras los ricos dan mucho más, Jesús explica a sus discípulos que los pequeños sacrificios del pobre valen más para Dios, que el dinero sobrante de los ricos.
Ese día pude ver claramente que Jesús no mira como nosotros, El no mira con los ojos del prejuicio, El no mira con los ojos del orgullo, El mira los corazones.
Gracias Dios por mostrarme el corazón de ese habitante de la calle y enseñarme a mirar con tú mirada.
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